¡Alimentarse es divertido!

Todos los seres humanos necesitamos consumir alimentos que nos aportan energía y nutrientes esenciales para el mantenimiento de la vida. La primera infancia es un momento crucial para el crecimiento y la adquisición de hábitos alimentarios que si se consolidan desde temprano perduraran en el tiempo y serán conservados hasta la edad adulta. Pero este proceso de alimentación de los más pequeños puede no ser tan placentero para el adulto que acompaña y surge una preocupación común en las familias o cuidadores expresada frecuentemente así: “Mi niño no me come”.

Frente a esta preocupación, es importante tener en cuenta que la mayor parte de las preferencias y rechazos alimentarios se establecen antes de los 24 meses de edad y dependerán en gran medida de las preferencias y costumbres alimentarias de la familia que se transmiten de generación en generación. Así también, es importante que el tamaño de las porciones esté acorde a las señales de saciedad del niño, evitando forzar el sobreconsumo de alimentos. Una alimentación rica en variedad de texturas y sabores es necesaria, no sólo para garantizar una alimentación balanceada y para que los niños aprendan a “ver de todo en el plato”, sino para contribuir al correcto desarrollo de la musculatura oral y facial que más tarde va a influir en el desarrollo del lenguaje.

Los padres y cuidadores deben priorizar el reconocimiento de las señales de saciedad de los niños favoreciendo un proceso tranquilo de alimentación y evitando acciones como la sobreestimulación o la servida exagerada de porciones de alimentos que conllevan a un sobreconsumo por parte de los niños y a entablar una batalla por la alimentación tratando de que el niño se lo coma todo. Los niños sanos, regulan su apetito y comen cuando su organismo lo requiere sin que haya que forzarlos. Reunirse en la mesa en un ambiente tranquilo y agradable contribuye a estimular el apetito.

El comedor es el lugar donde se suministrará el alimento al niño y debe estar de acuerdo con su edad y desarrollo; se debe convertir en el sitio indicado para fomentar su socialización y permitir su adaptación a las costumbres familiares; es además, un lugar importante para compartir e integrarse con los demás. Se debe evitar que el niño coma frente al televisor o en otro lugar. No se debe premiar ni castigar al niño por recibir los alimentos seleccionados por la familia, tampoco se le debe interrumpir bruscamente el juego para comer, ni interrumpir la comida para jugar.

A pesar de las recomendaciones anteriores, que invitan a mantener un ambiente controlado, alimentarse también puede ser divertido, y no se refiere esto a que se estimule el juego a la hora de comer o que se tengan que aplicar estrategias demasiado elaboradas para motivar a los niños como disfrazarse, cantar o hacer el avioncito. Estas acciones pueden funcionar y son válidas, pero la diversión en este sentido se trata más bien de algunos aspectos a tener en cuenta para que este momento sea agradable y placentero:

1) Favorecer la participación de los niños en la preparación de alimentos en casa y destinar un tiempo para realizar preparaciones creativas con alimentos saludables que presentadas en el plato de manera distinta de vez en cuando pueden llamar la atención e invitarlos a comer y probar nuevos alimentos. Los alimentos se pueden disponer en el plato formando figuras que eleven la imaginación de los niños, combinando colores y texturas.

– Pan croissant
– Manzana roja
– Jamón
– Huevos de codorniz
– Zanahoria

 

– Kiwi
– Banano
– Mandarina

 

 

 

 

2) Los adultos que acompañan deben ser un modelo adecuado y dar ejemplo a los niños. Lo que se come en casa es tan importante como lo que se rechaza, por eso es recomendable mantener disponibles alimentos saludables y a la vista de los niños, que puedan observar en un centro de mesa una bandeja con frutas y en la nevera jugo natural o agua disponible para calmar la sed. Los dulces, mecatos y bebidas azucaradas estarán fuera del alcance del niño y así no aprenderá a desearlos, estos serán suministrados de manera controlada y mesurada por parte de los adultos que acompañan procurando que el niño aprenda a consumirlos con moderación.

Hacer del momento de alimentación algo divertido es todo un arte, para las familias es un reto proporcionar experiencias de participación a los niños en la cocina y en la mesa pero esto siempre es posible si mantenemos una actitud positiva frente a la alimentación y entendemos el ritmo individual de cada uno de nuestros niños.

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